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sábado

Arcilla

Augustte Rodin





Mientras modelaba la arcilla
mi mano derecha no pudo esquivar
tu ojo izquierdo,

me miraba complaciente,
pacífico y adulador como
quien mira a su dueña.

Intenté cambiar la forma del barro,
insertando residuos de agua helada,
fue inútil, tu mirada de tierra

calentaba mis dedos
y extinguía toda fuerza
que pudiera cambiar su forma.

Cuando llegué a la boca
la yema de mi dedo corazón
se quedó sin fuerzas

al percibir claramente
una pequeña ráfaga de aire
que atravesaba el barro.

Has vuelto, y sé
que aunque no remate tus labios,
tu ojo me vigila implacable.