jueves

DOCE CERO CERO

Fotografía: Jure Kravanja





Eran las doce cero cero
y el tren se alejó tanto del andén


y tanto ruido hizo,
que a una mujer de pelo castaño


se le quedaron pegados los rizos
en la consigna de la estación.


Y las náuseas aún
desordenan su epigastrio.

Se alimenta de canela
que ella misma cultiva.


El ansia sólo remite
cuando duerme junto al mar.


Allí no hay trenes,
ni despedidas cruentas.


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11 comentarios:

Max E.G.B. dijo...

Una poesía dura ... parece ligera... pero la siento dura.

Un saludo.

Meri Pas Blanquer dijo...

Tienes tanta razón Max...

Raticulina dijo...

La cruel hora cero, la hora de la despedida...
¿Por qué arrastrarán tanta nostalgia los trenes?

Me gustó mucho el poema. Un beso.

Meri Pas Blanquer dijo...

Ciero rati, los trenes arrastran todo un mundo de nostalgias y despedidas.

Duna dijo...

Has descrito una imagen melancólica y dura. Pero las despedidas nunca son agradables.

Me ha gustado amiga.
Un beso, Meri Pas

ana sáenz dijo...

marchemos todos a dormir al mar

un abrazo

Edu dijo...

Bello Blog con Paco Ibañez, tocando de guitarra a Celaya. El amor, solo se controla con amor.
Un Saludo

tula dijo...

...mucha energía se queda enganchada, ...luego años para soltarla....no es de uno.
un beso

Milo Pratt dijo...

me deja una sensación de vacío tu poema... muy profundo en su ligreza, como ya han dicho.. estos versos me gustaron mucho:

Se alimenta de canela
que ella misma cultiva.


El ansia sólo remite
cuando duerme junto al mar.

LUMPENPO dijo...

Los trenes se llevan todo entre sus rieles infinitos. Hay que ir al mar, si, brisa que limpia todo...

Abrazos desde mi balsa de náufrago.

Juan Antonio dijo...

Evitemos los trenes a esas horas envenenadas.

Saludos.